Las agresiones sexuales en la Edad Moderna

Durante toda esta época, cientos de miles de mujeres pagaron con su vida una amplia gama de transgresiones (tanto públicas como privadas) del modelo imperante. El homicidio y el asesinato formaban parte integrante de un orden social basado en la autoridad como instrumento de ajuste de cuentas. Una vez que surgió y se consolidó la idea de Estado, los ajusticiamientos pasaron de manos privadas a la autoridad colectiva.

En el transcurso de estos siglos, todo delito que era considerado grave, de acuerdo con las normas de la época, fue castigado con la muerte, pero sin obviar que antes se torturaba (se ingeniaron unos métodos de tortura muy crueles).

El histórico Código Penal del S. XVI – Constitutio Criminalis Carolina – que con algunas variaciones estuvo en vigor en casi toda Europa hasta la Revolución Francesa – para los delitos de herejía, hechizos o aberraciones sexuales condenaba a la muerte en la hoguera.

Se calcula que, desde fines del siglo XV hasta principios del siglo XVII, murieron quemadas en la hoguera más de 200.000 mujeres, casi siempre después de que confesaran sus actividades bajo las torturas más atroces.

Otra realidad incuestionable es que en toda esta época (como en las anteriores y las posteriores) durante las guerras las violaciones se convirtieron en parte intrínseca de éstas. Así, cuando los innumerables conflictos de esta edad moderna (revueltas, cruzadas, guerras civiles, guerras de religión, persecuciones, luchas, etc…) permitían impunemente matar, no existía diferencia entre quitar la vida y cometer actos violentos contra la integridad de las personas, sobre todo mujeres y niños/as.

No cabe duda que desde el siglo XVI hasta el siglo XIX en Europa poco cambió con respecto a las agresiones sexuales que miles de mujeres padecieron, pues la mentalidad patriarcal y de absoluto desprecio hacia sus derechos se mantuvo. Prueba de ello es que grandes juristas ingleses (el territorio más avanzado) como Hale y Blackstone continuaron señalando con su dedo acusador a las víctimas de las agresiones sexuales, cuestionándose sus motivaciones, intenciones y buena reputación.

CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA.

Durante la conquista y posterior colonización de América, las mujeres sufrieron en carne propia las grandes barbaridades cometidas por los conquistadores. En todas las campañas llevadas a cabo por los europeos, la violencia sexual constituyó un arma regular de agresión, de terror y de venganza.

Los soldados eran considerados héroes, pese a las matanzas y brutalidades cometidas contra la población indígena, no era extraño que estas contiendas generaran un poder absoluto masculino, que incluía la licencia sobreentendida para violar.

Un ejemplo de todo ello es la cruel muerte de Bartolina Sisa, la heroína Aymara que luchó contra las injusticias que cometían en nombre del Imperio Español.

Recientemente la historiadora Pilar Mendieta, https://revistasinvestigacion.unmsm.edu.pe/index.php/sociales/article/view/7002 profesora de la Universidad de La Paz, narra en un libro el desgarrador suplicio que sufrió Bartolina.

Actualmente esta mujer se ha convertido en uno de los símbolos más emblemáticos de la lucha anticolonial del siglo XVIII en América Latina. Fue ahorcada el 5 de septiembre y en su recuerdo se celebra en esa fecha el día Día Internacional de las Mujeres Indígenas.

A lo largo de todo este periodo histórico, la esclavitud no sólo fue una cuestión de racismo de los blancos hacia las/os indígenas y negras/os, sino que también supuso la opresión de esas mujeres. Así, las indígenas y las negras fueron utilizadas como fuente de trabajo y como máquinas reproductoras.

Estas mujeres no tenían ningún derecho a negarse a ser usadas como objetos sexuales; y si su situación legal de cautiverio y esclavitud no era suficiente presión para ellas, el dueño siempre podía echar mano del cuchillo, del látigo o, más adelante, de la pistola.

El control sobre el sistema reproductor de las mujeres bajo circunstancias de servidumbre, además de servir de prueba de virilidad y fortaleza para muchos amos, significaba un suministro regular y seguro de niñas/os esclavas/os, lo cual suponía una mano de obra segura y barata, pues como muy tarde a los ocho años ya comenzaban a trabajar.

Como podemos apreciar, durante los momentos de la Historia arriba comentados, la violencia y agresiones ejercidas contra las mujeres tuvieron en múltiples ocasiones episodios de gran crueldad; amparados en falsas acusaciones, guerras de religión, batallas de conquistas territoriales, situaciones de pobreza o servidumbre y, sobre todo, en una mentalidad de superioridad que los hombres ejercían contra todo lo femenino.

R. Carlos Fraile Lozano – Licenciado en Historia

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