30 de marzo | día Internacional de las trabajadoras del hogar

Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar

"El Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, que se conmemora cada año el 30 de marzo desde 1988, tiene como propósito promover el valor del trabajo del hogar y convocar acciones para reivindicar los derechos de quienes lo realizan, en su INMENSA mayoría mujeres”.

El trabajo del hogar o doméstico es una de las ocupaciones realizadas más antiguas a lo largo de la historia. Sus orígenes se remontan a la práctica de la esclavitud de las personas, prácticas de abuso y de poder llevadas a cabo por las clases privilegiadas y que han sufrido en forma de servidumbre y discriminación las clases sociales más pobres y marginadas, y dentro de ellas, especialmente las mujeres a las que ha sido asignado por la propia sociedad, dentro de un sistema patriarcal prepotente e injusto, un rol de cuidados del hogar que las ha condenado al ostracismo, dejando sus aspiraciones laborales, sus proyectos y anhelos de vida apartados, abandonados e irremediablemente olvidados, llevándolas a un empobrecimiento y agotamiento personal que menoscaba su calidad de vida, su salud y su felicidad.

El trabajo doméstico está acompañado de jornadas interminables, muy a menudo de falta de respeto en el trato directo y por supuesto de la ausencia de reconocimiento de la tarea bien hecha, a pesar de ser las personas que más cerca están, muchas veces, de nuestros seres más queridos y que son testigo de nuestra forma de vivir.

Las trabajadoras del hogar, en su inmensa mayoría mujeres, prestan los servicios que se demandan en el ámbito privado, cuidando de las personas que dependen de ellos como son  niños y niñas, adultos, ancianos, y otras personas autónomas o no, incluyendo en general, también las tareas de limpieza y la preparación de las comidas. Todo ello permite que la familia o las personas que las contratan puedan cumplir con sus trabajos y obligaciones, e incluso, disfrutar  del descanso y tiempo libre que necesitan.

El trabajo del hogar sigue teniendo rostro de mujer

En España, por fin, se ha aprobado el Real Decreto Ley 16/2022, para la mejora de las condiciones de trabajo y de seguridad social de las personas trabajadoras del empleo doméstico, único colectivo que carecía de protección de desempleo. Esto ha supuesto la equiparación de la normativa laboral y de seguridad social de estas trabajadoras con el resto de trabajadores y trabajadoras por cuenta ajena. Conllevando, que además de percibir la protección de desempleo, puedan optar a otras prestaciones sociales de las que fueran destinatarias. Obtienen así una protección de la que carecían y que las mantenía desprotegidas y discriminadas ante cualquier situación de pérdida de trabajo o de cambio en su forma, y que generaba para ellas una situación de vulnerabilidad y desamparo, además de perpetuar los estereotipos de sexo dado que mayoritariamente son las mujeres las víctimas de esta desigualdad laboral y social.

No podemos olvidarnos que un alto número de mujeres que en España realizan actividades en el servicio del hogar no son españolas, con lo que el trato a veces racista constituye un agravantes más, altamente discriminatorio.

Los nuevos derechos de las empleadas del hogar según RDL 16/2022: paro, despidos justificados y contratos indefinidos:

•      Paro y Seguridad Social.

•      Despidos.

•      Contratos indefinidos.

•      Afiliación.

•      Prevención de riesgos laborales.

•      Acreditación como profesionales y formación.

•      Bonificaciones para las familias.

Derecho a paro

Con la aprobación del RDL 16/2022, se introduce la prestación por desempleo en el Sistema Especial para Empleados de Hogar de la Seguridad Social, para lo que también será obligatoria la cotización por desempleo.

A partir del 1 de octubre de 2022, las personas incluidas en el sistema especial de personas trabajadoras al servicio del hogar familiar, con contratos vigentes en el momento de la entrada en vigor de la norma, comenzarán a acumular cotizaciones, de cara a ir generando progresivamente el derecho a la prestación contributiva, conforme a la normativa general.

Dado que el periodo mínimo de cotización necesario para generar el derecho a paro es de un año, no será hasta octubre de 2023 cuando se podrían a comenzar a pagar las primeras prestaciones por desempleo en el trabajo doméstico en España.

Protección frente al despido

Las personas trabajadoras del empleo doméstico han tenido hasta ahora una protección frente al despido sin causa justificada muy inferior a la establecida para el resto de las personas trabajadoras por cuenta ajena.

La posibilidad de extinción de contrato por voluntad del empresario era, hasta ahora, una peculiaridad laboral que las trabajadoras domésticas compartían con los altos directivos (Artículo 11) de empresas. En el caso de ellas, indemnizada con 12 días por año trabajado, con un máximo de 6 mensualidades.

La no necesidad de causa justificada y la menor cuantía indemnizatoria abarataban el despido de las trabajadoras domésticas y colocaban a este colectivo en una situación de desprotección máxima.

La nueva regulación hace que la extinción de contrato solo pueda producirse por causa justificada. Describe las situaciones concretas que permitirían la extinción de la relación laboral y asegura que se deba a circunstancias valorables objetivamente:

Una disminución de los ingresos de la unidad familiar o un incremento en los gastos por circunstancia sobrevenida (por ejemplo, que la persona empleadora pierda su empleo).

La modificación sustancial de las necesidades de la unidad familiar (como podría ser el cambio en las necesidades de cuidado de algún miembro de la unidad familiar, o en las capacidades de la persona empleadora para asumir personalmente las actividades que son objeto de contratación).

El comportamiento de la persona trabajadora, que fundamente, de forma razonable y proporcionada, la pérdida de confianza de la persona empleadora.

Otros aspectos de la norma

A partir del 1 de enero de 2023 las personas empleadoras asumirán las obligaciones en materia de cotización de las empleadas del hogar, sean cuales sean las horas de trabajo que dediquen.

Ya no será posible que sean las personas trabajadoras las que asuman tales obligaciones. Con esto se busca evitar lo que de hecho ocurre: que, ante su precariedad laboral, las trabajadoras no ingresen las cotizaciones correspondientes, pese a haberlas recibido, o no las reclamasen si acaso no les fueran abonadas por las personas empleadoras

Varias disposiciones adicionales pueden ser trascendentes para la mejora de las condiciones de trabajo de este colectivo:

La creación de una comisión para la integración de la perspectiva de género en el listado de enfermedades profesionales.

El compromiso de desarrollar políticas de formación que brinden a estas trabajadoras competencias laborales y de cuidados acordes con su trabajo.

Concluyendo

El trabajo en el hogar debe ser visualizado por la sociedad como un trabajo digno, que tiene que llevar consigo una remuneración justa e igualitaria como el resto de las profesiones. Porque el trabajo doméstico sea remunerado o no, es de capital importancia para la sostenibilidad de la sociedad. Sin ese trabajo el funcionamiento en los hogares se vería seriamente alterado, dañando las bases de la economía y el desarrollo y bienestar del conjunto de la sociedad. Reconocer ese trabajo llevado a cabo por las mujeres e incorporarlo a la mentalidad colectiva es imprescindible.

El trabajo doméstico es un capital humano al que hay que cuidar y mantener dignamente.
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