Manifiesto leído en los Lunes sin sol del día 27 de julio 2020

Plataforma contra la violencia machista de León, Lunes sin Sol

Una vez más, otro Lunes sin Sol, estamos aquí homenajeando a dos mujeres asesinadas, víctimas de violencia machista, con nombres y apellidos, con identidad propia, con historia, y que hasta hace muy poco estaban vivas, sentían, amaban y sufrían. Estamos aquí de nuevo preguntándonos hasta cuando aquellos sectores de la sociedad que, de manera descarada, y creyéndose legitimados, niegan la violencia contra las mujeres y la califican de violencia intrafamiliar, mientras demasiadas mujeres, por el hecho de serlo, siguen muriendo violentamente con perversidad, con alevosía, después de ser torturadas y vejadas hasta su último suspiro. Es duro, muy duro decirlo, también oírlo, ¡¡¡pero mucho más duro es vivirlo!!!

Vemos como el aumento de la intolerancia y la negación de la violencia machista, vuelve de nuevo, haciendo peligrar los avances en igualdad que con tanto esfuerzo la lucha de las mujeres ha ido conquistando.

La violencia machista es una violencia que se transmite de generación a generación socialmente, que está amparada en una mala educación que permite desde la cuna adjudicar roles discriminatorios para las mujeres, que se ven abocadas a vivir una vida subordinada a todos los hombres en general, a los hombres machistas en particular y siempre al sistema patriarcal dominante.

Educarnos socialmente en la igualdad y en la tolerancia es imprescindible. No dejará de haber machismo y violencia contra las mujeres si la sociedad y sus instituciones públicas y privadas, no caminan en la aceptación de la igualdad como derecho humano, y por ende en el respeto a la etnia, a la religión, a la opción sexual o a cualquier otra diferencia que exista entre hombres y mujeres. No nos alejaremos de esa violencia tan integrada en las entrañas de todas las sociedades en el mundo, si éstas no cambian sus estructuras mentales y sociales, también económicas, aceptando que no hay ciudadanas de segunda y ciudadanos de primera clase.

Comprender que la violencia contra las mujeres se ejerce por parte de una sociedad machista como forma de dominio de la mujer, convirtiéndola en un objeto manejable y manipulable, es una manera más de entender en qué escalón social se encuentran aún hoy día las mujeres.

Los escalones sociales son múltiples y existen en todas las áreas públicas y privadas, es cuestión del lugar y del momento que esa violencia se manifieste de una manera más brutal o sutil, con vejaciones, palizas, incluso a menudo con el asesinato, o bien con desprecio, aislamiento y desprestigio. Siempre existen formas de hacer saber a todas las mujeres, a todas nosotras, que ante un hombre machista todas somos un objeto inferior al que se puede dominar y doblegar.

Es tan patente el ejercicio de esta violencia, que “Naciones Unidas la reconoce como una pandemia que afecta al 55 % de la población mundial, habiendo sido hasta un 70 % de las mujeres víctimas de esa violencia en algún momento de su vida. La violencia contra las mujeres afecta a familias y comunidades de todas las generaciones y refuerza otros tipos de violencia prevalecientes en la sociedad”

Con estos datos tan escalofriantes, resulta aún más hiriente la postura de negación a ultranza de la violencia contra las mujeres, de esos sectores que contaminan a la sociedad con sus arengas y desprecio hacia ellas, llamando a las tripas de quienes les escucha, muchos de ellos hombres resentidos, emocionalmente analfabetos e insensibles al sufrimiento que infligen. Esos sectores muestran su desacuerdo en la calle, en el Parlamento y en todos los foros donde se les permita hacerlo. Lo hacen machaconamente, con violencia dialéctica y agresividad contenida, en aras de la libertad de expresión y de una Democracia exclusiva y única que ellos entienden.

También, es demoledor ver, como una gran parte de la sociedad vive como algo ajeno la violencia machista, aunque esté rodeada por ella, incluso aunque la sufra alguien de su entorno, y que, a su vez, la justifique coreándola sin cuestionar los postulados misóginos y de odio, de aquellos que no tienen ningún pudor en acusar a las mujeres y al movimiento feminista de mentir sobre esta violencia, y de sembrar y nutrir sentimientos de misoginia entre la población.

Por ello, se hace imprescindible, ahora más que nunca, no perder el norte y dar respuesta a esta involución reaccionaria del patriarcado que con mil formas camaleónicas siempre está ahí latente, distorsionando, engañando y manipulando, impidiendo el avance y la conquista de los derechos de las mujeres. Nadie como el movimiento feminista a lo largo de la historia ha luchado con tanto ahínco y empeño, y con un carácter global e integrador, por la igualdad real entre las mujeres y los hombres de todo el mundo, sin distinción de clase social, lugar de origen, color de piel opción sexual, o cualquier otra diferencia. Por ello, hemos de decir ¡No, y no, y mil veces no a los ataques que intentan desintegrar, diluir y acabar con el movimiento feminista y sus avances!

¡ANTE LA VIOLENCIA MACHISTA, REPETIMOS Y REPETIREMOS HASTA LA SACIEDAD! ¡BASTA YA!

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