Cómo abordar la prostitución: el abolicionismo en el horizonte

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La prostitución es una institución masculina que da carta de naturaleza al Patriarcado. En el siglo XXI, entendemos que debe abordarse esta institución política desde un nuevo marco interpretativo poniendo en el centro a todos los actores sociales que intervienen en la actividad misma de la prostitución, que se benefician de ella y que además contribuyen a su mantenimiento y reproducción infinita, modificando de paso el imaginario colectivo en el que la prostitución es sinónimo de prostituta, como si ella encarnase el sistema prostitucional. Por eso queremos manifestar de entrada nuestra solidaridad más absoluta e incuestionable con las mujeres que se encuentran en situación de prostitución. 

En España es imprescindible y urgente restablecer las barreras penales de contención del proxenetismo, sancionando cualquier actividad lucrativa en la explotación de la prostitución ajena.

La abolición es el horizonte normativo de la prostitución. El abolicionismo es una perspectiva crítica, es una propuesta normativa que señala que la prostitución no es una práctica social ética ni políticamente aceptable, porque se fundamenta en la mercantilización y en la explotación sexual de las mujeres.

La distinción entre prostitución «libre» y forzada es una táctica de fraccionamiento habitualmente utilizada para negar el estatuto de subordinación de las mujeres, impulsada por los lobbys económicos que explotan la prostitución y por los Estados interesados en repartirse parte de los beneficios económicos que genera la prostitución,  contabilizando esta actividad en el Producto Interior Bruto, desde septiembre de 2014 cuando nuestros gobernantes, siguiendo las indicaciones de la Unión Europea, tuvieron la «brillante» idea de incluir la prostitución en el cálculo del PIB, el indicador que explica el tamaño y la evolución económica de un país.

La prostitución y las expansivas industrias del sexo son el paradigma de la simbiosis entre capitalismo y patriarcado. Es un privilegio masculino y a lo largo de la historia ningún estamento dominante ha cedido sus posiciones ante la razón, sino ante una correlación de fuerzas capaz de eliminarlo. Debemos pues trabajar para agrupar esas fuerzas. Hay que crear como hicieron en Francia un lobby abolicionista feminista, cuyas y cuyos activistas trabajen conjuntamente y se refuercen mutuamente para influir en sus respectivos movimientos, asociaciones, instituciones, partidos políticos…. De tal modo que, allí donde sea posible y en cuanto sea factible, se promulguen leyes de inspiración abolicionista, sin olvidar que se trata de una lucha internacional y singularmente europea, por lo tanto, no habrá abolicionismo triunfante en un solo país. La educación y la socialización son decisivas, pero también cambios jurídicos fundamentales que marquen el rumbo. Prepararlos, propiciarlos y hacerlos posibles es nuestra tarea militante. En ello estamos.

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