Cada 11 segundos una niña está siendo mutilada genitalmente

La mutilación genital femenina es una práctica tradicional de la que se cree que potencia la belleza, el honor, las posibilidades de matrimonio, el estatus social y la castidad de una chica. Lo único cierto es que causa grandes dolores y puede llevar a hemorragias prolongadas, infecciones, infertilidad e incluso la muerte.

Comprende todos los procedimientos consistentes en alterar o dañar los órganos genitales femeninos por razones que nada tienen que ver con decisiones médicas, y es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas.

Se calcula que 200 millones de niñas y mujeres en el mundo han sufrido la escisión de la totalidad o parte de sus genitales externos.

Es una práctica que produce un gran sufrimiento, pero las familias la permiten porque creen que así protegen el honor de la familia y los intereses de sus hijas.

¿Cuál es la diferencia entre mutilación y ablación?

Aunque se refieren a la misma práctica, hay una diferencia importante entre los términos «mutilación genital femenina» y «ablación genital femenina».

El uso de la palabra “mutilación” refuerza la idea de que esta costumbre es una violación de los derechos humanos de las niñas y las mujeres, y por lo tanto ayuda a promover un movimiento nacional e internacional para su abandono. Es el que se usa internacionalmente desde 1991.

Sin embargo, en las comunidades que la practican, el término “mutilación” puede resultar problemático. Las lenguas locales normalmente usan el término “ablación”, porque resulta más neutro: es comprensible que las familias no admitan que “mutilan” a sus hijas. Por eso, este término se emplea en el trabajo cotidiano que se realiza con las comunidades para poner fin a la práctica.

El primer término (mutilación) la condena, mientras que el segundo (ablación) la legitima. Para afrontar esta contradicción, UNICEF y otras organizaciones que trabajan para que las comunidades abandonen esta práctica utilizan un término híbrido: «ablación/mutilación genital femenina».

La mutilación genital femenina está criminalizada en muchos países. Puede suponer hasta cadenas perpetuas en lugares como Kenia, Uganda o Camerún. Sin embargo, las leyes no son suficientes. Al ser cultural y ancestral, para acabar con ella es esencial aliarse con las comunidades que la practican.

Hay esperanza

Cada vez son más las jóvenes que reniegan de esta práctica y se oponen a ella. Según la ONU, los jóvenes de entre 15 y 19 años oriundos de los países donde se practica la mutilación genital femenina son menos propensos a continuarla y a perpetuarla que los adultos de entre 45 y 49 años

Foto: ONU Mujeres/Ryan Brown. Purity Soinato Oiyie, lider masai, lleva dos piezas hechas con cuentas; un tocado tradicional masái que cae de su cabeza y un collar con un mensaje rotundo: “Stop FGM”, poner fin a la mutilación genital femenina.

En las comunidades en las que se practica, las familias que se oponen a la mutilación ven como sus hijas son discriminadas y repudiadas por su comunidad, lo que impide sus posibilidades de desarrollo.

Estas familias no pueden permanecer solas: con apoyo, educación y trabajo comunitario es posible poner fin a esta práctica en una sola generación. El cambio ocurrirá cuando las comunidades dispongan de los conocimientos que les permitan tomar decisiones que pongan fin a esta práctica de forma duradera.

Hay numerosas organizaciones que trabajan para erradicar esta práctica, en aquellas zonas donde se sigue practicando (30 países de África y Oriente Medio).

Es necesario que este trabajo se aborde desde dos frentes:

A nivel institucional – Para que cambie la legislación, políticas y los presupuestos promuevan el abandono de la mutilación

A nivel comunitario – Apoyando a las comunidades y organizaciones en su trabajo con el fin de acabar con esta práctica tan dañina.

Terminar con la mutilación genital femenina y otras prácticas nocivas contra las niñas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado, forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

«El desarrollo sostenible requiere que todas las mujeres y niñas disfruten plenamente de sus derechos humanos. La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible promete poner fin a esta práctica para 2030»

António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas.

En España, esta práctica está tipificada como delito de lesiones desde 2003. En el año 2005 se aprobó la normativa que permitía la persecución extraterritorial de la mutilación genital femenina.

Se considera un delito de violencia contra las mujeres, ya que aunque en 2014 se aprobó una reforma restrictiva de la justicia universal, sigue siendo perseguible si la mujer superviviente de una mutilación tiene nacionalidad española o residencia habitual en España y siempre que la persona a la que se le impute el delito se encuentre en nuestro país.

El 6 de febrero se celebra en todo el mundo el Día internacional de tolerancia cero contra la mutilación genital femenina.

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